Necesidades Psicológicas Fundamentales

Existen necesidades fisiológicas vitales para el ser humano como pueden ser respirar, beber o dormir. La no satisfacción de estas necesidades básicas puede significar la muerte de nuestro organismo en no demasiado tiempo.

En el plano psicológico podríamos decir que también existen necesidades psicológicas básicas. De la misma forma, éstas condicionaran nuestra conducta, nuestros pensamientos, nuestros objetivos… incluso, para autores como Georges Pierret, doctor en medicina y experto en terapia Gestalt, la ausencia total de estas necesidades psicológicas básicas puede suponer también la muerte de una persona.

Para recordar facilmente estas 3 necesidades psicológicas fundamentales podemos recurrir al acrónimo que se forma con cada concepto: Libertad, Amor y Seguridad. L.A.S

Tanto si a lo largo de nuestra infancia hemos tenido carencia de alguna de ellas, como si no, siempre vamos a ir en busca de la satisfacción de estas necesidades psicológicas básicas.

Las 3 necesidades provocan emociones, luego la emoción es una buena forma de poder identificar nuestra necesidad psicológica. Te proponemos que busques la tuya a través de tus emociones.

La libertad nos hace sentir que podemos llevar a cabo un pensamiento, sentimiento o acción de acuerdo con nuestra elección o voluntad. Sentirnos libres es sentir que se respeta nuestra voluntad individual y que además somos responsables de nuestros actos.

La falta de libertad, te va a provocar enfado, porque como sabemos el enfado nos informa de nuestros límites (alguna de nuestras líneas rojas se ha traspasado o se nos está imponiendo una limitación a nuestra capacidad). Podemos identificar la necesidad de libertad, de nuestro entorno o del mundo en base al enfado que observamos.

Será difícil que puedas desarrollar tu dimensión espiritual si sientes ausencia de libertad, si te sientes con dependencia emocional de personas o situaciones. 

El amor, según Pierret, el amor es una necesidad vital de establecer una relación con otro ser, de dar y recibir ternura y, por tanto, de sentir al otro. Según la escritora y conferenciante Pilar Gomez-Acebo, sentirse amado se puede traducir en sentir que importamos y en sentir que aportamos.

La necesidad de amor nos va a provocar una emoción de tristeza, de pérdida. Todas las personas necesitamos sentir amor y si sentimos emociones como la nostalgia, pena, melancolía… pueden indicarnos la no satisfacción de esta necesidad psicológica básica.

La Seguridad, cuando nacemos, se traduce en sentir la presencia del otro, luego se convierte en disponer de una mano sólida con la que contar y con la certeza de no ser abandonado. En la edad adulta, la seguridad la obtenemos a través de disponer de unos mínimos afectivos y físicos, de sentir que comprendemos el mundo y lo podemos gestionar.

La falta de seguridad siempre va a estar ligada con las emociones de Miedo, recordemos que el miedo nos informa de nuestra falta de recursos frente a una amenaza. La necesidad de seguridad y la necesidad de amor están estrechamente ligadas.

Tanto si has vivido carencia de alguna de estas necesidades como si no, buscarás satisfacerlas o mejorarlas

Ahora ya sabemos que LAS EMOCIONES entre otras cosas, nos pueden ayudar a identificar nuestras necesidades psicológicas fundamentales.

Te propongo un ejercicio…

Piensa en 3 personas importantes de tu vida (padres, hermanxs, pareja, hijxs, amigxs, compañerxs,…) y escribe, para cada una de ellas:

¿Cómo me demuestra/percibo/me doy cuenta que le importo?

¿Qué creo que le aporto?

Inteligencia Financiera para la clase obrera

Tu relación con el dinero

Cuando piensas en el dinero ¿Qué te dices?

Te voy a dar varias opciones:

  • El dinero es el problema del mundo
  • El dinero corrompe a las personas
  • Maldito dinero
  • Nunca tengo dinero
  • Si tuviera dinero…
  • A ver si a final de mes puedo ahorrar algo
  • El dinero no es un problema sino un recurso igualitario
  • Me gusta el dinero
  • Sé que voy a vivir económicamente tranquilo/a
  • El dinero es mi amigo/a
  • Soy responsable de mi economía familiar

¿Te identificas con alguna de ellas?

Photo by David McBee

Una de las primeras cosas que deberíamos aprender (en la escuela) es a relacionarnos saludablemente con el dinero, la economía y los recursos que tenemos. Enfrentarse a esta sociedad odiando uno de los bienes más polivalentes que existen es como dispararse en un pie.

Yo no he nacido en una familia adinerada, ni con títulos nobiliarios, ni con tierras que me proporcionen rentas, ni con empresas exitosas que aseguren mi futuro. Soy y seré SIEMPRE de clase obrera, casa humilde y generosa, ¡por eso me encanta el dinero!

Porque si no fuese por él, yo que no tengo tierras, ni ganado, ni bienes raíces de nacimiento, no tendría la oportunidad de alimentarme, estudiar, vestir y construir mi futuro. Es gracias al dinero, a que el dinero sirve como medio de intercambio, que mis abuelxs, mis padres y yo, pudieron y podemos adquirir la vivienda, comida, ropa y todo tipo de bienes y servicios que necesitamos para cubrir nuestras necesidades y que hacen nuestra vida más cómoda.

Y esta es la principal idea que me gustaría que empezaras a incorporar en tu vida a partir de hoy mismo:

El dinero es mi aliado, no mi enemigo

Incluso si te falta ahora, si te ha faltado siempre o si lo debes. El dinero es tu aliado. Esta y no otra, debe ser a partir de hoy mismo tu relación con el dinero, con la economía, con las monedas y billetes que pasan por tus manos, con los precios del súper y, por supuesto, con los impuestos que toca pagar anualmente a la hacienda local.

Te animo a que, a partir de hoy mismo, cada vez que pienses en algo relacionado con el dinero, trates de hacerlo desde esta nueva perspectiva y deseches la perjudicial idea que el dinero es malo y corrompe a las personas.

Las personas aprenden valores a lo largo de su vida, la honestidad es uno de ellos. El problema no es el dinero, en absoluto, sino las manos que lo gestionan. Asegúrate de tratar al dinero con honestidad, sin miedo, sin prejuicios y sin falsa humildad, asegúrate de no utilizarlo para hacer daño y el dinero te devolverá la misma relación.

Ahorros que te permitan dormir tranquilo/a

Una vez integras que el dinero es un valioso aliado y que es compatible ser una persona íntegra con desear tener dinero y utilizarlo, puedes empezar a gestionarlo sin miedo.

Pregúntate:

  • ¿Cuánto dinero necesitas para vivir 6 meses? Hogar, alimentos, vehículos, impuestos, seguros, gastos diversos… ¿Lo sabes? calcúlalo si no lo has hecho nunca

Es tu responsabilidad conocer tu economía familiar y hacerte cargo de ella. Nadie va a venir a llevarte las cuentas y darte consejos de compra o de inversión. Ponte frente al papel y toma las riendas de tu situación financiera. Ingresos y gastos, las gallinas que entran y las que salen. Deja de lamentarte cuando te llegue el pago del seguro del coche ¡Si ya lo sabías! ¡Lo has contratado tú!

El área económica es un parámetro de nuestra vida que afecta a nuestra estabilidad emocional, dale a este hecho la importancia que merece. Pon tu inteligencia al servicio de tu economía.

Photo by cottonbro

Lo ideal, para partir de una economía sana, es tener ahorrada, como mínimo, la cantidad que te permita sobrevivir medio año sin ingresar nada. ¿Difícil? ¿Imposible?

  • ¿Cuánto de ese dinero está destinado a cosas que no necesitas?

Compras compulsivas, objetos innecesarios, gastos prescindibles, caprichos… ¿Ayudas a otras personas cuando ni siquiera tienes para tí? ¿Porqué lo haces? ¿Tienes cosas en casa que podrías vender y empezar a construir tu hucha? Hazlo.

Una vez consigas aclarar tus verdaderas necesidades y deshacerte de aquello que no precisas, ponte manos a la obra en la construcción de tu colchón económico, este debe ser tu primer objetivo:

Ahorrar lo equivalente a mis necesidades de 6 meses

Probablemente te estés partiendo de la risa (o llorando del disgusto) solo con pensar en esto y crees que es imposible para ti, que esto no lo vas a poder hacer jamás… Te voy a dar un par de trucos:

  • En lugar de pretender ahorrar lo que te sobre una vez transcurrido el mes, ahorra primero y gasta después, es decir, en cuanto cobres tu mensualidad, guarda un poquito y olvídate de él, y haz frente a tus gastos con lo que te quede.
  • Plantéate ahorrar entre el 5% y el 10% de tus ingresos (Por ejemplo, el 5% de 600€ son 30€)

¿Puedes apartar 30€ al mes y olvidarte de ellos? Inténtalo antes de asegurar que no.

Quizá está de más decir que no vamos a dedicar al ahorro o a la inversión, aquello que necesitemos para cumplir con las obligaciones que hemos adquirido o a cubrir nuestras necesidades básicas, pero siempre está bien recordarlo.

No solo ahorro ¡también invierto!

Ya tenemos claro lo que necesitamos para sobrevivir durante 6 meses sin un solo ingreso y estamos en el camino de acumularlo, ahora vamos a darle una pequeña vuelta de tuerca más.

Calcula el 10% de tu capacidad de ahorro mensual. El 10% de 30€ son 3€.

¡Esos 3€ los puedes invertir!

Toda la vida nos han inculcado que la inversión sólo es cosa de magnates. La simple idea de invertir en acciones de economía sostenible o de participar en el crecimiento de una cooperativa nos parece tan lejana, tan fuera de nuestras posibilidades que ni la contemplamos.

¿Qué es invertir?

Invertir es, emplear una cantidad de dinero en un proyecto o negocio para conseguir ganancias. Sí sí, ganancias, beneficios.

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Un ejemplo de inversión es la formación, los estudios. Invertimos tiempo, dinero y recursos en formarnos para ganar conocimientos, para cosechar frutos en forma de títulos o de oportunidades laborales. La inversión nos reporta provecho.

Pero también puedes invertir tu dinero en bienes raíces, en acciones, en depósitos, en fondos, en criptomonedas, en arte, en empresas,… de manera que te reporten ganancias.

Primero me informo y luego invierto, nunca al revés

Una nueva era económica, accesible y libre, está construyéndose y sería una pena que te la perdieras por creer que no va contigo o por no enterarte.

Pero ojo, de la misma forma que antes de comprar una bandeja de carne picada en el supermercado miras la fecha de caducidad, el aspecto del producto y sabes si lo que tienes entre manos es cerdo o ternera, es tu responsabilidad informarte de qué posibilidades de inversión existen para tí. Lo que te puedo asegurar es que las hay, hay oportunidades que tú, con tu economía humilde, puedes aprovechar.

Toda la información del mundo está en internet y el 97% de ella es gratis. Tienes un smartphone en tu mano a diario con acceso a internet, invierte 30 minutos al día en aprender.

En Youtube, en Twitch, en webs, post y podcast hay muchísima gente honesta hablando de ello, dando clases gratuitas y charlas, explicándote de forma sencilla y amena todo lo que debes saber del mundo de la inversión y de esta nueva economía mundial que está creciendo. Hace años que se empezaron a escribir los primeros libros cripto y tú estás aquí con miles de preguntas que ya tienen respuesta. ¿A qué esperas?

Quizá está de más decir que no vamos a dedicar al ahorro o a la inversión, aquello que necesitemos para cumplir con las obligaciones que hemos adquirido o a cubrir nuestras necesidades básicas, pero siempre está bien recordarlo.

Photo by Pixabay

Desconfía de lo rápido y fácil

No quieras descubrir el secreto de hacerse rico/a, porque no hay secreto ni pócima mágica. No te creas a nadie que te asegure beneficios, mucho menos inmediatos y que doblen o tripliquen tu inversión. No existe la inversión 100% segura, por eso es muy importante la siguiente idea:

Invierte solamente aquello que puedas permitirte perder

Siguiendo con los números que veíamos antes ¿Puedes permitirte perder 3€ al mes?

Este es el mantra principal en el mundo de la inversión, más aún en productos de alta volatilidad y que desarrollaré en sucesivos post, siempre y cuando éste reciba apoyo, comentarios positivos y se comparta.

Aquí te resumo las principales ideas de todo lo que acabas de leer:

  • El dinero es mi aliado
  • Puedo ser rico/a y seguir siendo buena persona
  • Me hago responsable de mi propia economía
  • Objetivo 1: Aprendo a ahorrar para lo que necesito (6 meses)
  • Objetivo 2: Valoro mis posibilidades de inversión (10%)
  • Me formo e Informo
  • Utilizo mi pensamiento crítico
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Dejar ir

El equilibrio entre el Status Quo y la huida de la zona de confort

“Cuando dejas ir, todo se coloca en su lugar”

Puede que hayas escuchado muchas veces esta frase pero lo cierto es que hasta que no la llevas a la práctica no puedes comprobar su eficacia.

No es tan fácil dejar ir aquello que amas o por lo que has luchado, aunque duela. Una relación, un trabajo, un sueño, un objeto con valor sentimental… Abandonar un proyecto en común, decir adiós a un ideal o perder la seguridad económica, no es plato de buen gusto, menos aún si eres una persona algo tozuda, insistente, constante y aún peor si eres alguien dependiente de aquello que toca dejar ir.

Es por eso que nos resistimos a soltar. Por nuestro carácter y porque hemos aprendido algo horroroso: que perder es sinónimo de fracasar.

¿Porqué nos cuesta tanto dejar ir?

Por un lado, a nuestro cerebro le encanta la estabilidad. Le gusta predecir, con la mayor precisión posible, lo que está por venir, sobre todo porque su principal misión es mantenernos con vida a toda costa y, cuanto más se controla la situación más a salvo parece que estamos. Esto no es del todo cierto, el exceso de control o la creencia que controlamos algo, nos puede llevar a la muerte en algunos casos.

Photo by Wallace Chuck

Controlar en exceso lo que comemos puede llevarnos a la anorexia. Creer que tenemos bajo control los malos tratos que recibimos por parte de alguna de nuestras relaciones, puede llevarnos a la anulación personal.

Por otro lado, desde nuestra más tierna infancia, a muchxs de nosotrxs nos enseñaron las reglas básicas de la felicidad, que eran:

  • Estudiar una carrera (que te asegure…)
  • Tener un buen trabajo (fijo, para…)
  • Comprarse una casa (propia, y así…)
  • Formar una familia (inseparable.)
  • Mantener a lxs amigxs (de toda la vida, con los que…)
  • Compartir ese hobby (que SIEMPRE fue tu pasión)
  • Encontrar la estabilidad en general

Todo esto es fantástico, alguna de estas premisas están en mi lista de “cosas por hacer en la vida” esperando a llevarse el check ✔ más pronto que tarde, pero tienen en común y refuerzan constantemente la misma idea: Lo seguro, lo inamovible, lo predecible, lo conocido

La idea de felicidad, de al menos los de 30 para arriba, pinta un poco así, se fantasea así, y este es el punto de partida de la gran complicación que supone, tantas veces, dejar ir. Perder lo que conocemos o no haber sido capaces de mantenerlo, se convierte en sinónimo de fracaso (personal, laboral, familiar o vital)

Photo by Plato Terentev

¿Os imagináis que cambiaran las reglas?

Supongamos que desde bien pequeñxs nos educan para preparar la receta de la felicidad con los siguientes ingredientes:

  • Formarte continuamente y a lo largo de toda tu vida en cosas diversas
  • Trabajar en diferentes puestos y gremios
  • Cambiar de vivienda y lugar de residencia cada cierto tiempo
  • Evolucionar con tus relaciones y que tus relaciones evolucionen contigo
  • Probar al menos 10 hobbies distintos en la vida: deportivos, creativos, intelectuales, sociales, individuales…
  • Saborear los periodos de bienestar, cargar la pila para cuando vengan vacas flacas.

Este enfoque se mueve en un clima más inestable, menos seguro y controlado, cambiante. Pero, seamos honestxs, esto se parece más a lo que nos encontramos en nuestro día a día, en nuestra vida y en nuestra consulta. Esta atmósfera se ajusta más a la realidad, por lo que pretender el Status Quo es un camino infinito y tarde o temprano frustrante.

Lo único absolutamente cierto es que todo cambia

En resumen, la idea de soltar aquello conocido y embarcarnos en lo desconocido nos da MIEDO, por propia naturaleza, y la idea de perder lo que teníamos se traduce en FRACASO.

Ser un fracasado con miedo ¿Quién quiere eso?

En el otro extremo del rin, nacido en occidente de unos años a esta parte, nos encontramos con ¡¡La Salida de la Zona de Confort!!.

Es una pesadilla. De verdad. Una auténtica pesadilla de gurús motivadísimos que generalizan sin empatizar con las circunstancias de cada uno, porque no pueden y probablemente muchos no saben.

La zona de confort se llama así por algo y precisamente va de la mano con esa necesidad mental y natural de nuestro cerebrito de la que hablábamos al principio. Necesitamos zonas de confort, zonas de seguridad en las que sintamos que “hacemos pie”. Puntos de control que nos permitan integrar lo que aprendemos, lo que experimentamos en la vida, que nos permitan ir construyendo nuestro carácter y personalidad a través de los años.

¿Qué idea absurda y suicida es esa de vernos obligadxs a salir de nuestra zona de confort cada dos por tres? Si estamos bien, a gusto, satisfechxs… ¿para qué narices voy a salir de mi zona de confort? Hazte esta pregunta antes de comprar cursos en pdf…

Esta otra cara de la moneda, contradice totalmente la ley del Status Quo para la que hemos sido educadxs y nos coloca frente a una contradicción difícil de gestionar.

La forma sana de Dejar Ir

Entrecomillábamos al inicio de este post la frase “Cuando dejas ir, todo se coloca en su lugar”, y os confieso que es del todo cierta, no solamente porque la he experimentado en mi propia piel en varias ocasiones, sino porque me la encuentro en sesión muy a menudo.

No se trata de algo místico o sobrenatural, aunque a veces lo parece, se trata de la predisposición personal y el nuevo enfoque que le damos a la situación, que nos permite VER otras opciones, nuevos caminos, que antes no podíamos percibir.

Inexplicablemente, he visto como personas desesperadas por encontrar un empleo digno tienen la oportunidad profesional soñada cuando se atreven a dejar ir un empleo en el que se les infravalora. De un día para el otro.

He sido testigo de cómo una persona puede regresar a su hogar a las pocas semanas de haber decidido marcharse del mismo, por imposibilidad de convivencia con vecinos incívicos durante años. El problema desapareció.

He vivido como, al aceptar que un proyecto profesional no parece abrirse camino económicamente, se recibe en pocas semanas el dinero y el tiempo necesarios para arrancarlo.

He asistido al momento en el que, tras aceptar que posiblemente no te contacten de esa empresa, recibes la llamada para concertar una entrevista.

Y estos son solamente 4 ejemplos que puedo demostrar con nombre y apellidos.

Parece que la vida nos plantea lo siguiente:

Sólo cuando tengas la conciencia interior para aceptar la pérdida de aquello que deseas, estarás preparadx para recibirlo sin límites

El equilibrio entre el Status Quo (permanecer, mantener, re-intentar hasta la extenuación) y la huida de la zona de confort (falta de compromiso, irresponsabilidad, ensoñación, autoengaño…) está en la capacidad de DEJAR IR.

Dejar ir es la aceptación de los procesos de la vida, la confianza de que todo está en su correspondiente lugar y de que cuando llegue el momento, lo que tenga que suceder sucederá. Es atreverse a soltar, a dejar de apretar los puños, y darse un respiro.

Dejar ir es comprender cual es tu mayor miedo (quedarse solx, no tener trabajo, verse obligado a abandonar tu casa…) y aceptar la posibilidad de que ese miedo se haga realidad. Y es que cuando aceptas tu mayor miedo, es cuando comienza a desvanecerse. Es como si fuese un monstruo que crece y crece a medida que tratas de evitarlo pero, que cuando te atreves a mirarlo a los ojos y valorar su existencia, se esfuma.

Photo by Wallace Chuck

Dejar ir es sinónimo de creerse capaz.

¿Significa esto que cuando algo no salga adelante, se complique o me cause preocupación, debo abandonarlo?

¡No, en absoluto! Esa es la táctica inútil de quien huye del esfuerzo, del trabajo por lo que uno desea. Alejarse de todo aquel obstáculo en el camino, es ser incapaz de reponerse frente la frustración, es el deseo infantil e imposible de que todo salga bien a la primera, de que todo funcione sin esfuerzo. Hay cosas que requieren tu esfuerzo, tu aprendizaje y tu constancia. No se trata de rendirse, se trata de dejar ir.

Hagamos un primer ejercicio para empezar a tomar conciencia y veamos cómo nos sentimos.

Pronuncia estas palabras 3 veces:

“Dejo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin (aquello que te empeñas en mantener)”

Algunos ejemplos que pueden inspirarte:

  • Dejo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin mi pareja actual
  • Dejo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin este proyecto
  • Dejo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin el reconocimiento de…
  • Dejo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin mi hogar actual
  • Deo ir y confío en mi capacidad de hacerle frente al mañana sin haber cumplido este ideal

Si sabes que ha llegado el momento de dejar ir algo en tu vida, que te cuesta, que te hace llorar solo de pensarlo, y que no te ves capaz de hacerlo, cuenta conmigo para acompañarte en este precioso camino de aprendizaje y liberación.

Espero haber podido arrojar algo de luz a tu concepto de “dejar ir”.

Deja en los comentarios tu propia experiencia personal, cómo te has sentido al hacer el ejercicio y comparte este post con quien creas que puede sacarle provecho.

Photo by Lukas

Sin Sentido ni aliciente

¿El virus de la apatía se ha apoderado de ti?

Llevo semanas así, meses quizá.

Al principio de todo, hace un año, encajé bien la situación. De hecho incluso me alegré de esta oportunidad de descanso y recogimiento que nos brindaba la pandemia.

Aproveché para poner en orden papeles y cosas del hogar, pude sacar a pasear mi lado creativo con proyectos y manualidades que hacía tiempo me rondaban la cabeza y para los que no había tenido tiempo hasta entonces. Aprendí a cocinar dulces, inicié rutinas de ejercicio físico y empecé a manejarme por el universo infinito de aplicaciones de video-llamadas…

Gracias a mi condición de propietaria de perro, podía salir a la calle cada día un ratito a dar un paseo corto por el barrio, disfrutando incluso de ese silencio que me envolvía tarde tras tarde, hasta las 8pm. Un silencio atestado de gente. Gente resguardada haciendo pasteles, ganchillo, papiroflexia o maratones de Netflix.

Me costó acostumbrarme a la mascarilla, al principio me asfixiaba y no sabía cual me iba mejor. ¿La de tela, la quirúrgica, la fpp2…? Hasta que se me pasó el enfado y me resigné a pillarle el truco. El truco a respirar.

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Empecé a comprender el mundo a través de porcentajes: Porcentaje de personas por recinto, porcentaje de mesas en las terrazas, porcentaje de contagios por cada 100.000 habitantes, porcentaje de muertos por región,…

Hoy sigo flotando en esta nueva forma de existir que restringe mis pasos, mis acciones y mis decisiones, que me impide moverme con la libertad que necesito como persona, porque antes de ser libre necesito asegurarme de seguir viva.

Nuestra capacidad de adaptación

El ser humano es un ser que lleva adaptándose toda la vida a lo que le viene. Ese es nuestro “AS bajo la manga”, la capacidad para adaptarnos al entorno, ambiente, clima, condiciones o circunstancias que nos rodeen. Sean cuales sean, aprendemos a sobrevivir.

Llevamos un año adaptándonos a una situación de vida o muerte. Esto es así, la gente se muere. Yo no me he muerto, mi familia y resto de seres queridos tampoco, pero hay mucha gente que sí se ha quedado en el camino, física, emocional o psicológicamente.

El problema es que durante todo este tiempo estamos bajo un sistema de fases que se revisan y cambian cada 15 días y que dependen del criterio de cada región en muchos casos o que apelan a nuestra autorresponsabilidad en otros.

Cambiar constantemente no nos permite adaptarnos a nada, no nos permite integrar los cambios y planificar nuestro futuro. Actualizar la normalidad cada 15 días me obliga a reestructurar mi psique cada 15 días y eso, es lo que nos tiene en el limbo de la apatía y falta de sentido.

Llevamos un año sin saber a ciencia cierta hasta que punto podemos salir a la calle, visitar a un familiar o reservar un vuelo, con la confianza de que el procedimiento no cambiará.

Dado que todas las normas y reglas de salud pública se modifican cada 15 días, nos vemos obligados a la planificación absoluta, información constante y control de nuestros pasos.

No hay cabida para la intuición, la improvisación o el impulso personal, eso que nos hace tan nosotros, tan humanos y tan absurdos.

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Y eso nos está marchitando.

Hasta que no pueda sentir que algo es estable, da igual en que condiciones de limitación o no, no puedo avanzar.

No quiero planificar mi vida social si cada 15 días cambian las condiciones. No quiero planificar mis hábitos de ejercicio porque cierran y abren gimnasios, tiendas, restaurantes, academias… haya toques de queda y aforos cambiantes cada quincena.

Hoy ya puedo salir de mi comarca pero no sé si la semana que viene podré o el mes que viene podré, no sé hasta cuando ni en qué condiciones, no sé si me pueden sancionar por estar haciendo algo mal.

Me veo en la obligación de estar actualizada todo el rato y mi sistema de adaptación está saturado.

Cada nueva adaptación es una nueva configuración de mis hábitos, de mis rutinas, de mis posibilidades, de mis acciones y de mi vida.

El proceso de adaptación personal consiste en un ajuste psicológico y emocional no solo a nuestra nueva manera de pensar y sentir sino a la realidad que nos ha tocado vivir. El proceso de adaptación dura un tiempo y, aunque diferente en cada persona, los cambios tienen una serie de fases que deben completarse secuencialmente para seguir avanzando en ellas y llevamos más de un año viviendo en la misma fase: Supervivencia.

Vivir con el modo de supervivencia tanto tiempo y de manera recurrente nos tiene agotados.

Llevamos un año fuera de nuestra zona de confort, sin rutinas reales que duren más de un mes y necesitamos una zona de seguridad en la que apoyarnos.

La apatía

Y entonces aparece la apatía. Sentimos desde hace semanas, o meses, ya ni sabemos cuando empezó, que no tenemos ganas de nada. Tenemos ideas en nuestra mente de cosas por hacer pero nada nos arranca con ilusión del sofá, nada nos quita el pijama con la suficiente alegría como para percibir que las cosas tienen sentido. ¿Acaso ya nada nos interesa realmente?

La apatía que vivimos es la consecuencia de llevar tanto tiempo en el reto que nunca termina, que nos impide asentarnos y encontrar rutinas que nos organicen la mente para seguir avanzando en las fases de la adaptación. Dejar de sobrevivir para empezar la fase de búsqueda de rumbo.

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Hasta que no sintamos cierta estabilidad, no despertará en nosotros/as un sentido de ruta hacia la que dirigir nuestras emociones y nuestra vida.

El exceso de control de las normas al que estamos sometidos/as nos impide ser espontáneas, incluso en lo más nimio.

¡¿Y esto cómo se resuelve?!

Partiendo de la base que se están tomando medidas políticas, económicas y sociales de todo tipo y en todos los países, sin que ninguna sea 100% eficaz y de que voy a enfocarme en lo que sí está en nuestra mano, aquí van algunas sugerencias para ayudarnos a sobrellevar de mejor manera nuestra sensación de falta de motivación y sentido:

  • No dejes de hacer planes pero acepta que la frustración aparecerá más a menudo que de costumbre.
  • Asume que tu mente está en “modo supervivencia” por lo que te vas a sentir estresado/a de manera continuada.
  • No quieras ser la reina del crossfit o el rey del yoga, con que hagas 10 minutos de estiramientos sencillos de cuello, brazos, espalda, piernas… y un paseo diario a la misma hora, ya vale para empezar.
  • No te fuerces a sentirte motivado/a o a encontrar los “para qué”, mejor céntrate en hacer cosas que te hagan reír.
  • Te puede resultar difícil tener claros tus sueños, propósitos o deseos personales ahora, así como el camino a seguir para alcanzarlos. No te sientas mal por ello, quizá no es el momento de grandes metas y realizaciones.
  • No te compares con otras personas que sí están motivadas, enérgicas u optimistas, cada quién tiene oportunidades y perspectivas distintas en estos momentos. Todo es válido, tú eres válido/a y tu agotamiento es válido.
  • Comparte como te sientes, habla con quien te quiera escuchar, llora sin necesidad de explicación y enfádate con lo que está pasando. Es lícito.
  • Cuando estés de bajón máximo, recuérdate a ti mismo/a que esto no va a ser así siempre, solo necesitamos generar rutinas que nos ayuden a estabilizarnos.

Siento si el tono de este post parece pesimista pero necesito ponerle fin a la ilusión de que es momento de crecer, de cumplir sueños y de ser feliz, porque no lo es.

Es momento de mantener, de sembrar pequeñas cosas que se cosecharán, si el tiempo acompaña. Es momento de decir “estoy mal, lo llevo mal y no quiero fingir otra cosa”.

Estamos de duelo, nuestras anteriores vidas se han ido diluyendo entre gel hidro alcohólico y noticias alarmantes. Compartamos estos momentos de tristeza, rabia, negación o culpa para poder integrarlos y seguir adelante.

Decidamos vivir a pesar de todo esto desde la realidad y la sencillez.

Todo lo anterior también sirve para quienes sienten apatía a pesar de haber conseguido cosas magníficas durante este tiempo y que antes no tenían: casa, trabajo, hijos, relaciones… El duelo es planetario y tú también tienes derecho a transitarlo. Que nadie te diga que “tú deberías estar contento/a”.

No estamos solos/as, somos una humanidad entera afrontando algo muy gordo.

Te invito a que comentes en este post, o en cualquiera de los post de este blog, cómo te sientes y en qué estado te encuentras, qué proyectos eres incapaz de retomar, en qué te sientes especialmente desmotivado/a o que técnica utilizas tú para encontrar estabilidad en este momento.

Imagen de cabecera de Saydung89 en pixabay

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