Cuando me amé de verdad…

de CHARLES CHAPLIN

AUTOESTIMA

El punto sobre el que se sostiene tu vida

Mucho oímos esta palabra desde hace algún tiempo pero, ¿Sabemos lo que es? ¿De qué se compone? Y sobretodo ¿Cómo se mejora (o hacemos que aparezca!)? Veámoslo.

¿Qué es la Autoestima?

Hasta los 12 meses de vida como bebés, no sabemos que somos individuos, no tenemos conciencia de nuestra propia existencia ni mucho menos una noción de nuestro propio “Yo”. Es a partir de esa edad que empezamos a intuir que, ese cabezón sonriente frente al espejo somos nosotrxs.

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Sabiendo esto, podemos decir que la autoestima no se hereda, se construye, desde el momento en el que nos percatamos que somos alguien por nosotrxs mismxs.

Sin embargo, nacemos con la capacidad de desarrollar nuestra autoestima (así como la empatía o la asertividad) y esta se va creando desde pequeñitxs en el núcleo familiar a través de:

  • Los mensajes que recibimos
  • La manera en la que se atienden nuestras necesidades
  • Nuestra propia experiencia

Como adultxs, tenemos la posibilidad de “reformar” una baja autoestima

¿Cómo sé si tengo una autoestima Alta o Baja?

Hazte esta pregunta y respóndete con sinceridad:

¿Necesito que los demás me reconozcan o aprueben para sentirme valioso, merecedor, digno o capaz?

Si la respuesta es sí, tu autoestima es baja o tambaleante en según qué circunstancias.

Si la respuesta es No, felicidades. (Puedes seguir leyendo igualmente)

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¿De qué se compone la autoestima?

Autoconcepto: Sería la respuesta a la pregunta “¿Quién soy?” Me observo, me conozco y me describo tanto en el plano físico, como en el psicológico y conductual.

Autovaloración: Eso que soy… ¿Me gusta? ¿Lo considero, positivo o negativo? ¿Lo apruebo o lo condeno? ¿Qué me digo? ¿Cómo me hablo? ¿Me trato bien?

Autoaceptación: Pongamos que hay alguna de mis características personales que no me gusta demasiado o que me disgusta. Autoaceptarme significa que, a pesar de que no me agrada ese aspecto, sigo queriéndome, considerandome valiosa, merecedora y digna, y en caso de que sea posible, con capacidad para cambiar si yo lo decidiera.

Primero te quieres y luego te cambias. Si lo haces al revés estás perdidx

Gemma Romero

6 prácticas para potenciar la autoestima

Aquí te dejo las 6 prácticas que nos propuso Nathaniel Branden (Doctor en Psicología) que conviene no perder nunca de vista y trabajarlas para potenciar o fomentar nuestra autoestima.

Vive conscientemente: Conócete, observate y toma consciencia de quien eres. Escucha a tu cuerpo, tus pensamientos, tus sentimientos… Aprende de tí y reconócete sin tapujos.

Aceptate a tí mismx: Se tu mejor amigx, quiérete “a pesar de todo” y tratate bien. Permítete equivocarte y fracasar. Todxs lo hacemos.

Se responsable de tí mismx: Evita echarle la culpa al mundo de tus desgracias, evita dejar tu vida en manos de otrxs, valora tus necesidades y toma decisiones conscientes. Haz de tu vida aquello que tú quieres.

Autoafirmate: Liberate de la losa de agradar a todxs a cambio de ir desapareciendo tú. Muéstrate sin máscaras y sin miedo. Se quien tú sientes y déjate querer. Cambia si quieres, es tu derecho, pero no vivas para adaptarte a los demás.

Ten un propósito: Elige tus propias metas, decide en qué quieres enfocarte y cual quieres que sea tu camino. Valora los consejos de los demás pero no permitas que otras personas decidan qué y cómo debe ser tu vida

Integridad: Sé coherente y honestx contigo mismx. Siente, piensa, habla y actúa en congruencia con lo que eres. Dormirás mucho mejor.

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La autoestima no se desarrolla investigando sobre el tema, sino aplicando de por vida estos conceptos.
No se trata de aplicar todo a la vez sino paso a paso, con pequeños cambios.

Recuerda que si necesitas ayuda para arrancar éste proceso, aquí me tienes, presencialmente y online

EL APEGO

¿Bueno o malo?

A lo largo de los últimos años he ido encontrándome con la palabra APEGO y con su significado por diferentes vías.

Personalmente lo descubrí a través de teorías sobre el amor de pareja y, haciendo distinción entre el amor y el apego y valorando que éste es algo que por nada del mundo queremos en nuestra vida, entendí que este vínculo emocional era casi peor que el mismísimo diablo.

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Un buen día, leyendo un libro muy interesante acerca del duelo, la pena y la gestión de los mismos, me encontré con una lista de 15 principios de la teoría del apego (según John Bowlby) y mi percepción dio un vuelco.

De pronto el apego puede ser beneficioso, no existe sólo un tipo sino varios y además, es una estrategia de supervivencia que ponemos en marcha cuando todavía ni razonamos y que nos proporciona protección y cuidados.

Hoy quiero compartir con vosotras éstos 15 principios, porque creo que a este concepto no se le atribuye la importancia y la necesidad que realmente tiene para nuestra salud mental, no solo como niños sino como adultos.

Sobretodo me gustaría que os quedarais con la idea de que “apegos” hay varios y que hay uno entre esos varios que nos conviene y mucho. He resaltado en negrita las ideas o puntos que me parecen más cruciales, aunque sin duda todos son dignos de desarrollar.

Espero que os sirva.

15 principios de la teoría del apego

Extraídos del libro “Pérdida, Pena y duelo” de Jorge L. Tizón

  1. La conducta de apego es aquélla que lleva a que una persona alcance o conserve la proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido.
  2. Las conductas de vinculación o apego son diferentes a las de alimentación y sexuales, aunque poseen una importancia al menos similar para la vida humana.
  3. Llevan al establecimiento de vínculos afectivos o apegos, al principio entre el niño y el progenitor y, más tarde, entre adultos.
  4. Esas conductas y patrones conductuales están modificados por sistemas de conducta que al principio del desarrollo se van corrigiendo homeostáticamente, pero siguiendo el criterio 1.
  5. Mientras que un vínculo de apego perdura, las diversas formas de conductas de apego que contribuyen a él están activas sólo cuando resulta necesario.
  6. Muchas de las emociones más intensas surgen mientras las relaciones de apego se forman, se mantienen, se desorganizan, se renuevan, etc.
  7. La amenaza de pérdida despierta ansiedad y la pérdida real, pesadumbre y cólera.
  8. El mantenimiento del vínculo de apego es la principal fuente de seguridad en la infancia y una de las fundamentales en la vida adulta.
  9. Por eso, la psicología y la psicopatología de las emociones coincide, en buena parte, con la psicología y la psicopatología de los vínculos de apego.
  10. Las conductas de apego se han hecho idiosincrásicas de muchas especies porque contribuyen a la supervivencia del individuo, al mantenerlo en contacto con quienes le brindan cuidado. Más aún en las especies nidícolas.
  11. Brindar cuidados es una conducta complementaria de la conducta de apego y cumple asimismo una función evolutiva: proteger al individuo apegado.
  12. Si la conducta de apego permanece potencialmente activa toda la vida y cumple funciones biopsicosociales adaptativas básicas, es un grave error suponer que su actividad en un adulto implica patología, regresión o “conductas inmaduras”.
  13. A cualquier edad pueden existir patrones perturbados de la conducta de apego, debido a que el desarrollo se ha desviado. Los tipos de vínculo de apego descritos más frecuentemente son el apego seguro, el apego ansioso, el apego evitativo y el apego ambivalente.
  14. Los principales determinantes del curso que sigue la conducta de apego son las experiencias del individuo con sus figuras de apego durante sus años de inmadurez: con la triangulación originaria (madre-padre-self) y/o sus sustitutos más permanentes.
  15. Los patrones de vínculos afectivos adultos dependen de la forma en la cual las conductas de apego se organizan en la personalidad.
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Emociones

¿Qué son y para qué las necesitas?

Las emociones son la reacción física y mental que sucede tras percibir un estímulo, ya sea a través de nuestros 5 sentidos o de nuestra propia imaginación.

Las emociones son sensaciones cortas y temporales que se comportan como una descarga repentina que va disolviéndose poco a poco.

En niñxs a partir de los 3 o 4 años y en adultos, las emociones van acompañadas casi simultáneamente de pensamientos.

Estos pensamientos pueden ser de 2 tipos:

  • Recuerdos vividos, experiencias similares (propias o ajenas).
  • Posibles consecuencias del suceso y de las acciones que tomemos al respecto

Toda esta “secuencia” (percepción del estímulo, reacción emocional y reconocimiento) sucede en milésimas de segundo y, como casi siempre, el único objetivo de tal despliegue de medios es sobrevivir.

Las emociones forman parte de nuestro kit de supervivencia
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Durante aproximadamente los 3 primeros años de nuestra vida, vivimos únicamente en un mundo emocional, es decir, no hay pensamientos que acompañen al estímulo, ni lenguaje que lo explique. Somos un libro en blanco, así que todo lo que sucede a nuestro alrededor y con nosotros mismos se convierte en nuestro “registro automático” de causas y efectos que pasará a formar parte de nuestro carácter y personalidad. La mayoría de las emociones vividas en esta edad y el resultado de las mismas no lo recordamos, se guardan en lo más profundo de nuestro subconsciente, eso sí, son la base de nuestra autoestima, confianza, apego, seguridad, sentido de amor,…

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A partir de esa edad, seguimos viviendo emociones diariamente y seguimos aprendiendo de ellas (catalogándolas) pero podemos detectar el tipo de pensamientos que las acompañan o cuanto menos comprender la experiencia desde un punto de vista consciente y lógico, aunque sea a posteriori.

Las principales emociones son 6:

Y a partir de ellas se derivan todas las demás: Euforia, felicidad, Ira, Pánico, Fobia, Repugnancia, Angustia, Pena, desesperanza,…

Aunque muchas de nuestras emociones no son agradables, son vitales para nosotros por lo que no conviene en absoluto ignorarlas, evitarlas, reprimirlas o negarlas.

Cuando no las gestionamos bien, pueden convertirse en cargas emocionales y esto suele complicarnos la vida

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Lo mejor que podemos hacer con ellas es agradecerlas, reconocerlas, comprender de qué nos informan y gestionarlas para nuestro mayor bienestar y el de los demás. Todo ello se consigue a través de la Inteligencia Emocional.

En los siguientes post, veremos más en detalle cada una de ellas.

+ La Alexitimia es la incapacidad para sentir emociones y puede deberse tanto a una lesión neuronal como a un trastorno del aprendizaje.

El Post en video por si no te apetece mucho leer…
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