AUTOESTIMA

El punto sobre el que se sostiene tu vida

Mucho oímos esta palabra desde hace algún tiempo pero, ¿Sabemos lo que es? ¿De qué se compone? Y sobretodo ¿Cómo se mejora (o hacemos que aparezca!)? Veámoslo.

¿Qué es la Autoestima?

Hasta los 12 meses de vida como bebés, no sabemos que somos individuos, no tenemos conciencia de nuestra propia existencia ni mucho menos una noción de nuestro propio “Yo”. Es a partir de esa edad que empezamos a intuir que, ese cabezón sonriente frente al espejo somos nosotrxs.

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Sabiendo esto, podemos decir que la autoestima no se hereda, se construye, desde el momento en el que nos percatamos que somos alguien por nosotrxs mismxs.

Sin embargo, nacemos con la capacidad de desarrollar nuestra autoestima (así como la empatía o la asertividad) y esta se va creando desde pequeñitxs en el núcleo familiar a través de:

  • Los mensajes que recibimos
  • La manera en la que se atienden nuestras necesidades
  • Nuestra propia experiencia

Como adultxs, tenemos la posibilidad de “reformar” una baja autoestima

¿Cómo sé si tengo una autoestima Alta o Baja?

Hazte esta pregunta y respóndete con sinceridad:

¿Necesito que los demás me reconozcan o aprueben para sentirme valioso, merecedor, digno o capaz?

Si la respuesta es sí, tu autoestima es baja o tambaleante en según qué circunstancias.

Si la respuesta es No, felicidades. (Puedes seguir leyendo igualmente)

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¿De qué se compone la autoestima?

Autoconcepto: Sería la respuesta a la pregunta “¿Quién soy?” Me observo, me conozco y me describo tanto en el plano físico, como en el psicológico y conductual.

Autovaloración: Eso que soy… ¿Me gusta? ¿Lo considero, positivo o negativo? ¿Lo apruebo o lo condeno? ¿Qué me digo? ¿Cómo me hablo? ¿Me trato bien?

Autoaceptación: Pongamos que hay alguna de mis características personales que no me gusta demasiado o que me disgusta. Autoaceptarme significa que, a pesar de que no me agrada ese aspecto, sigo queriéndome, considerandome valiosa, merecedora y digna, y en caso de que sea posible, con capacidad para cambiar si yo lo decidiera.

Primero te quieres y luego te cambias. Si lo haces al revés estás perdidx

Gemma Romero

6 prácticas para potenciar la autoestima

Aquí te dejo las 6 prácticas que nos propuso Nathaniel Branden (Doctor en Psicología) que conviene no perder nunca de vista y trabajarlas para potenciar o fomentar nuestra autoestima.

Vive conscientemente: Conócete, observate y toma consciencia de quien eres. Escucha a tu cuerpo, tus pensamientos, tus sentimientos… Aprende de tí y reconócete sin tapujos.

Aceptate a tí mismx: Se tu mejor amigx, quiérete “a pesar de todo” y tratate bien. Permítete equivocarte y fracasar. Todxs lo hacemos.

Se responsable de tí mismx: Evita echarle la culpa al mundo de tus desgracias, evita dejar tu vida en manos de otrxs, valora tus necesidades y toma decisiones conscientes. Haz de tu vida aquello que tú quieres.

Autoafirmate: Liberate de la losa de agradar a todxs a cambio de ir desapareciendo tú. Muéstrate sin máscaras y sin miedo. Se quien tú sientes y déjate querer. Cambia si quieres, es tu derecho, pero no vivas para adaptarte a los demás.

Ten un propósito: Elige tus propias metas, decide en qué quieres enfocarte y cual quieres que sea tu camino. Valora los consejos de los demás pero no permitas que otras personas decidan qué y cómo debe ser tu vida

Integridad: Sé coherente y honestx contigo mismx. Siente, piensa, habla y actúa en congruencia con lo que eres. Dormirás mucho mejor.

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La autoestima no se desarrolla investigando sobre el tema, sino aplicando de por vida estos conceptos.
No se trata de aplicar todo a la vez sino paso a paso, con pequeños cambios.

Recuerda que si necesitas ayuda para arrancar éste proceso, aquí me tienes, presencialmente y online

Emociones

¿Qué son y para qué las necesitas?

Las emociones son la reacción física y mental que sucede tras percibir un estímulo, ya sea a través de nuestros 5 sentidos o de nuestra propia imaginación.

Las emociones son sensaciones cortas y temporales que se comportan como una descarga repentina que va disolviéndose poco a poco.

En niñxs a partir de los 3 o 4 años y en adultos, las emociones van acompañadas casi simultáneamente de pensamientos.

Estos pensamientos pueden ser de 2 tipos:

  • Recuerdos vividos, experiencias similares (propias o ajenas).
  • Posibles consecuencias del suceso y de las acciones que tomemos al respecto

Toda esta “secuencia” (percepción del estímulo, reacción emocional y reconocimiento) sucede en milésimas de segundo y, como casi siempre, el único objetivo de tal despliegue de medios es sobrevivir.

Las emociones forman parte de nuestro kit de supervivencia
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Durante aproximadamente los 3 primeros años de nuestra vida, vivimos únicamente en un mundo emocional, es decir, no hay pensamientos que acompañen al estímulo, ni lenguaje que lo explique. Somos un libro en blanco, así que todo lo que sucede a nuestro alrededor y con nosotros mismos se convierte en nuestro “registro automático” de causas y efectos que pasará a formar parte de nuestro carácter y personalidad. La mayoría de las emociones vividas en esta edad y el resultado de las mismas no lo recordamos, se guardan en lo más profundo de nuestro subconsciente, eso sí, son la base de nuestra autoestima, confianza, apego, seguridad, sentido de amor,…

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A partir de esa edad, seguimos viviendo emociones diariamente y seguimos aprendiendo de ellas (catalogándolas) pero podemos detectar el tipo de pensamientos que las acompañan o cuanto menos comprender la experiencia desde un punto de vista consciente y lógico, aunque sea a posteriori.

Las principales emociones son 6:

Y a partir de ellas se derivan todas las demás: Euforia, felicidad, Ira, Pánico, Fobia, Repugnancia, Angustia, Pena, desesperanza,…

Aunque muchas de nuestras emociones no son agradables, son vitales para nosotros por lo que no conviene en absoluto ignorarlas, evitarlas, reprimirlas o negarlas.

Cuando no las gestionamos bien, pueden convertirse en cargas emocionales y esto suele complicarnos la vida

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Lo mejor que podemos hacer con ellas es agradecerlas, reconocerlas, comprender de qué nos informan y gestionarlas para nuestro mayor bienestar y el de los demás. Todo ello se consigue a través de la Inteligencia Emocional.

En los siguientes post, veremos más en detalle cada una de ellas.

+ La Alexitimia es la incapacidad para sentir emociones y puede deberse tanto a una lesión neuronal como a un trastorno del aprendizaje.

El Post en video por si no te apetece mucho leer…
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